lunes, 31 de octubre de 2011

EE UU y la Guerra Fria

 Luego de la crisis más profunda del sistema, la Segunda Guerra Mundial
relegitima al capitalismo y los empresarios frente a la población. A partir de la
posguerra se va a equiparar capitalismo con patriotismo “What is good for the country
is good for General Motors and viceversa” y será la mala distribución, y no la
concentración de capitales, lo que atacarán los liberales y la izquierda.
Al terminar la guerra, EEUU es el único país cuyo territorio quedó preservado
del conflicto. Los países europeos, arruinados, no representan competencia y EEUU se
erige como principal potencia imperialista. Barnet plantea que el período expansionista
más dinámico de su historia fue el posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando
triunfa lo que denomina el “credo de la empresa privada”. El mismo plantea que la
libertad política está ligada a la libre empresa y esta libertad norteamericana es
indivisible del resto del mundo. A su vez el crecimiento es entendido como expansión
económica hacia el exterior. Citando a Charles Taft en el texto de Barnet “la destrucción
de la libre empresa en el exterior, así como la destrucción de la democracia en el
exterior, es una amenaza para la libre empresa y la democracia en el país” (Barnet 235).
La Segunda Guerra acabó con el desempleo y provocó un auge económico.
Acabó, además, con la tradicional desconfianza hacia las grandes empresas y permitió
una rápida concentración del poder y riquezas. Este milagro norteamericano fue posible
gracias a la empresa privada beneficiada por la crisis permanente de la seguridad

nacional durante la posguerra. Para Barnet esto permitió hacer del credo de la empresa
privada una religión popular y resolvió problemas políticos. Si la expansión económica
ilimitada en el exterior es indispensable para el mantenimiento de la libertad y la
prosperidad, el gobierno tiene la obligación de brindar un clima favorable y una
infraestructura adecuada a la empresa en el mundo entero.
Esta identidad de intereses entre la expansión del poder y el consumo
norteamericano y los intereses del mundo explican en parte cómo Estados Unidos se
convierte en potencia mundial. De esta afirmación puede deducirse que no existe
conflicto entre el interés de una corporación que busca ubicarse en el exterior y el
interés nacional (norteamericano o de donde sea). “Puesto que la corporación promovía
el mito de que representaba a la bandera podía comprometer los recursos públicos para
la protección de la riqueza privada” (Barnet 246).
Uno de los principios básicos del credo de la empresa privada es que la
economía crece si se expande la empresa; esto depende a su vez del aprovechamiento de
oportunidades en el exterior y de que todos los norteamericanos se beneficiarán si el
Estado facilita la expansión de las grandes corporaciones. Así, la gran empresa se
convierte en la base de un consenso patriótico en el que no se cuestiona la legitimidad
de ese poder en expansión ya que se lo identifica con el interés nacional.
Ahora bien, fortalecer este proceso hizo necesario un acuerdo capital-trabajo
que, además de acabar con la conflictividad obrera, mantuviera alta la tasa de empleo y
de consumo en los años 50 y 60. Este acuerdo debía garantizar que en cada convenio
hubiera aumento salarial a cambio de una cláusula no huelga y un mayor control sobre
la producción por parte de los empresarios. El resultado fue un aumento de la
productividad, mejor nivel de vida de la clase obrera junto a una mayor alienación por el
trabajo y un mayor control de los sindicatos sobre los trabajadores. Todo esto destrabó
la producción y la cantidad de huelgas bajaron garantizando altos niveles de consumo y
la creación de un mercado interno.
Las grandes compañías emprendieron un esfuerzo global para recuperar el
control del proceso productivo. En los acuerdos con los nuevos sindicatos la parte
empresarial conservó la iniciativa y ejerció mayor control burocrático para conseguir un
aumento en la productividad por parte del trabajador sin interferencias sindicales.
Gordon, Edwards y Reich plantean que entre 1946 y 1950, la mayor parte de los
sindicatos giraron hacia políticas de explicita colaboración con las estrategias
empresariales sobre gestión laboral. “Este modelo de negociación premiaba los

aumentos de la productividad obtenidos por los propios trabajadores, de forma que el
pastel del cual serían extraídos sus salarios aumentase de tamaño” (GER- 243). Este
giro se explica porque los beneficios de las empresas aumentaron durante y luego de la
Segunda Guerra Mundial, y esto implicó un nuevo margen a partir del cual los
sindicatos podían obtener ganancias reales. Las negociaciones entre capital y trabajo se
centraron cada vez más en salarios y ventajas adicionales dejando la determinación de
las condiciones de trabajo en manos de los empresarios. Allí donde no existían
sindicatos, las compañías demostraban que la sindicalización no era necesaria para
acceder a los beneficios.
La segmentación del trabajador por cualificación, género y etnia, afectó la
relativa unidad de la clase obrera norteamericana dado que produjo experiencias
diferentes, relaciones de producción diferenciadas y esto generó orientaciones políticas
e identificaciones de clase segmentadas. Los autores demuestran con esta tesis, que la
segmentación retrasó el surgimiento de una clase obrera consciente, en términos de
Thompson, con una expresión política propia. No hubo huelgas generales ni
negociaciones a nivel de clase. El acuerdo capital-trabajo redujo la demanda de la clase
obrera a los intereses de determinadas facciones de clase.
En este contexto se desarrolla la Guerra Fría. Una guerra que no se da de manera
frontal sino a través de otros actores y diferentes frentes de conflicto entre el bloque
comunista y el capitalista. Podemos ubicar el comienzo de la misma a partir de 1947
con la guerra civil griega, a partir de la cual surge la Doctrina Truman: Es deber de los
EEUU apoyar a los pueblos Libres. Esta doctrina estableció el modelo de futuras
intervenciones norteamericanas en guerras civiles y revoluciones. Es una demostración
de poder político con el fin de detener la influencia soviética en el Mediterráneo. La
lucha se plantea entre el mundo libre, que cada vez más se equipara al mercado libre, y
la opresión comunista. Si Grecia cae en manos comunistas el peligro se extenderá a
Medio Oriente y al mundo entero. Esta fundamentación, entendida como la teoría
dominó, atraviesa la historia de los conflictos norteamericanos con el comunismo. La
idea de que “el siglo XX es el siglo norteamericano” es la concepción que está detrás de
la guerra fría y expresa un cambio en el papel de EEUU frente al mundo. Barnet
plantea que si el sistema de la empresa privada es el que mejor estimula el espíritu
empresarial, y el que representa el espíritu nacional (y la libertad), el socialismo y la
planificación de la economía por parte del gobierno deben condenarse.

La política de Estados Unidos será la política rectora y en este sentido la guerra
fría inaugura el rol de EEUU como defensor del mundo libre, la carrera armamentista
apoyada por el Estado, que financia investigaciones, y la implementación de una
política de intervención económica que se expresa en el Plan Marshal. El crédito a los
países europeos para comprar en Estados Unidos permitió la penetración en la economía
europea, la proyección de lugares de inversión y el mantenimiento de altos niveles de
demanda.
A partir de 1949 la revolución China acelera la Guerra Fría, junto con el triunfo
de la guerra de Corea que permitirá la triplicación de la producción armamentista. El
golpe de estado será un arma regular del gobierno de EEUU para luchar contra el
comunismo, que es redefinido e identificado con el nacionalismo o cualquier doctrina
que plantee un capitalismo no alineado.
La expresión interna de la Guerra Fría es el macartismo, que perseguirá a los
“traidores internos”. Será el instrumento para eliminar a la oposición de izquierda del
establishment y los sindicatos y el impacto de su discurso se explica porque el
macartismo fue funcional al clima de la posguerra. Se debía convencer al pueblo
norteamericano de que la Europa comunista con la que unos años antes habían
derrotado a Hitler, ahora era el enemigo. En este contexto, la Guerra Fría marca el fin
de las reformas progresistas de la etapa previa y la contención del movimiento sindical.
¿Qué condiciones necesitan los Estados Unidos para aprovechar las
oportunidades generadas por la guerra?. Balan y Sweezy, sostienen que el New Deal
implicó un nuevo modelo de acumulación de capital que tuvo su edad de oro a partir de
1950 con la Guerra Fría. Esto significó un cambio sustancial del rol del Estado, el paso
del capitalismo liberal al capitalismo monopólico. El Estado de Bienestar dio una vuelta
de tuerca al keynesianismo que ve en el manejo del gasto público y la intervención
estatal dos instrumentos claves de la política económica. A través del complejo militar
industrial, (50% del presupuesto nacional va a las fuerzas armadas) Estados Unidos
garantiza la tasa de ganancia de las empresas armamentistas y subsidiarias. El complejo
militar industrial permitió a las empresas privadas ampliar ganancias aseguradas por el
estado. A partir de la posguerra creció la idea de que un mayor gasto en el presupuesto
de defensa reactivaría la economía estimulando la demanda. Esto es lo que Barnet
llama “keynesianismo militar” y que tiene su explicación en el planteo de Rosa
Luxemburgo, quien sostiene que en la etapa imperialista las naciones son impulsadas al
militarismo y al mantenimiento de grandes ejércitos permanentes, porque es la forma de

absorber el excedente generado por las economías capitalistas; excedentes que no
pueden ser destinados a subsidios de viviendas, educación y salud porque estarían
compitiendo con intereses privados poderosos. Esto generará una política de crecientes
gastos militares y guerra permanente que acompañan al expansionismo económico y las
inversiones en el exterior.
La emergencia de un nuevo modelo de acumulación de capital va de la mano
con el nuevo acuerdo entre capital y trabajo. Estos dos cambios sustanciales que se
producen en los Estados Unidos permitirán que se conviertan en la nueva potencia
mundial, desplazando el eje de poder del viejo continente hacia América del Norte

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